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Ocurrió también en un café

Me ocurrió algo bien gracioso hoy por la mañana.

En mi sueño platicaba con un amigo en un café y en determinado momento me preguntó: “¿Por qué no tienes frío? Me estoy congelando”, entonces desperté y me di cuenta de que de verdad me estaba muriendo de frío (pues se me ocurrió dormir con el ventilador encendido). Estiré el brazo apenas para tomar una cobija (que dejo a un lado en la cama en estos días) y me cubrí con ella. La sensación cálida me hizo sentir en el paraíso. Con una enorme sonrisa me dispuse a cerrar los ojos y disfrutar de un poco más de sueño, justo en el momento en el que el *#&)#=(“/%$ despertador comenzó a sonar.

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Retribución

Unos meses atrás, visité una plaza en busca de un algo que ahora no puedo recordar. Era cerca de las 9 pm y estaba muy cansado, lo único que podía pensar era en regresar a la casa y acostarme a dormir. Cuando llegué al estacionamiento encontré que Rocco tenía una llanta ponchada. Lo que es peor, recordé que unos días atrás saqué la llave de cruz de la cajuela mientras la limpiaba y no la coloqué en su lugar.

Me animé a entrar de nuevo a la plaza, pues recordé que había un supermercado y, con certeza, podría comprar una nueva llave para cambiar el neumático.

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Ocurrió en el café

Salíamos del café cuando alguien se nos acercó. Portaba un par de muletas y un artilugio en una de sus manos -un llavero con led tal vez-, de esos que sirven para encontrar las llaves en la oscuridad. Joven, de unos veinti tantos años. Nos saludó a la distancia y se acercó un poco. Nos explicó que vigilaba los autos a cambio de unas monedas, que la gente del café le había dado permiso.

Yo, como suelo hacer en esos casos, metí la mano a la bolsa y saqué las monedas que encontré, lo más disimulado posible. Sin mirarlas, conté unos siete pesos, serían más que suficientes. Procedí a meter mi portafolios al auto y a despedirme de mi amigo, quien hizo lo mismo y luego se marchó.

Él, con los brazos apoyados en las muletas, me contó que recién le amputaron una pierna, juntaba dinero para “ella”. Su voz sonaba auténtica, con un dejo de melancolía o preocupación. No puedo decir que su mirada me convenció, pues estaba un poco oscuro, pero algo me dijo que decía la verdad.

Platiqué con él unos minutos. Me contó otras cosas, como parte del proceso de rehabilitación al que se sometería. Vive lejos, en alguna comisaría de Umán. Lee la biblia, me comentó que había franelado todo el día y le preguntaba hace rato a la virgen como le haría para conseguir los doscientos pesos que le hacían falta.

Recordé que en la cartera tenía precisamente un billete por esa cantidad desde hace varios días. Lo saqué y se lo entregué, él lo recibió de buena gana. Me dijo que estaría cerca, lavando autos y cosas por el estilo. Me preguntó mi nombre, le pregunté el suyo, me despedí y me subía al auto.

Camino a casa me preguntaba si sería auténtico, acaso un estafador profesional. He visto muchas cosas, la gente es capaz de todo por sobrevivir. Uno tiene una oportunidad y la aprovecha, una ventaja y la exprime.

Prefiero pensar que no mentía.

Prefiero irme a la cama con la sonrisa extendida.

Quizá en unos días sepa la verdad.

Andaba de vacaciones

Recientemente tomé vacaciones. Hacía meses que esperaba por ellas, sentía que mi cuerpo se caía a pedazos y mi mente daba cientos de vueltas. Me sentía atrapado, desesperado, ansioso quizá; tenía ganas de salir corriendo, desaparecer en el asfalto y nunca volver. Las vacaciones me hicieron mucho bien.

Me alejé de la oficina, de la gente, del bullicio de las calles. Me alejé de mis personalidades virtuales, de mis sitios Web, de mis costumbres en Internet. Decidí que estas serían unas vacaciones en la mente de otra persona, ya que necesitaba urgentemente salir de la mía. Renté las seis temporadas de Bones, una tras otra, y disfruté cada episodio. Es una buena serie, tiene algo de telenovela, pero los personajes tienen chispa. Me encantó salir de mis problemas y concentrarme en los de ellos.

Estuve en casa casi sin salir por espacio de una semana. Luego comencé a visitar unas oficinas para unas entregas en el proyecto Orion y caminar cerca de la playa. Esta segunda parte fue un tanto purificadora. Uno de los objetivos al salir de vacaciones fue concentrarme en este proyecto, estábamos en el limbo y necesitábamos despegar. Avancé todo lo que pude, retomé las pláticas con los clientes, visité algunas de sus instalaciones y eché a andar el proyecto de nuevo. Ahora todo marcha sobre ruedas, aunque hay muchos baches en el camino.

En lo personal, me siento más relajado. Tengo la mente más clara, aunque tal vez no lo suficiente. He recobrado mi equilibrio, mi estabilidad emocional, aunque aún falta mucho por lograr. Creo que eso es algo que nunca habrá de terminar. Solo espero que dentro de veinte años, cuando comience a vislumbrar el ocaso de mis días, pueda mirar hacia atrás y disfrutar de cada momento.

Si, cuando comience a vislumbrar, porque aún me siento muy vivo.

Hoy retomo mis ideas, porque son mías, siempre lo han sido. Comprendo ahora, aunque ya lo sabía antes, que solo yo puedo lograr lo que deseo. Yo soy el único que puede impedirlo en este momento. Verán, hay que dejar de escuchar consejos de vez en cuando.

Voy a seguir trabajando en este sitio Web y escribiendo mis cuentos, aunque a pocos les gusten. Voy a seguir trabajando en mi primer novela, creo que ya va siendo hora de hablar de ella. De hecho, creo que comenzaré a redactar el proceso que sigo para crearla. No es algo profesional, esta es la primer novela que escribo, pero de algo habrá de servir. Pero más importante aún, lo voy a hacer con calma. Me voy a tomar todo el tiempo que necesite, porque quiero que sea buena, diferente, única.

Gracias por leer, nos vemos pronto.

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