Salvación

Sentía me hundía
se desgarraba mi espalda
se podría mi corazón
el día se hacía corto
la noche una eterna canción

gritaba ya desesperado
pocos me escuchaban
nadie me comprendía
aunque se los señalaba
parecía que no lo veían

mirando los propios ojos
cuestionaba la actitud
juzgaba las emociones
recriminaba las palabras
extirpaba los sentimientos

lloraba por las noches
maldecía durante el día
callaba cuando no debía
gritaba cuando no quería
perdí todo el control

entonces llegaste tu
poniendo todo de cabeza
arrancando la tristeza
sacudiendo mi conciencia
apretándome el corazón

me hiciste llorar
me hiciste reír
por ti canté y también bailé
por ti corrí y hasta supliqué
por ti respiré

eres mi vida
la razón de mis días
el propósito de mis heridas
tu me trajiste de vuelta
eres mi salvación

 

Ocurrió en el café

Salíamos del café cuando alguien se nos acercó. Portaba un par de muletas y un artilugio en una de sus manos -un llavero con led tal vez-, de esos que sirven para encontrar las llaves en la oscuridad. Joven, de unos veinti tantos años. Nos saludó a la distancia y se acercó un poco. Nos explicó que vigilaba los autos a cambio de unas monedas, que la gente del café le había dado permiso.

Yo, como suelo hacer en esos casos, metí la mano a la bolsa y saqué las monedas que encontré, lo más disimulado posible. Sin mirarlas, conté unos siete pesos, serían más que suficientes. Procedí a meter mi portafolios al auto y a despedirme de mi amigo, quien hizo lo mismo y luego se marchó.

Él, con los brazos apoyados en las muletas, me contó que recién le amputaron una pierna, juntaba dinero para “ella”. Su voz sonaba auténtica, con un dejo de melancolía o preocupación. No puedo decir que su mirada me convenció, pues estaba un poco oscuro, pero algo me dijo que decía la verdad.

Platiqué con él unos minutos. Me contó otras cosas, como parte del proceso de rehabilitación al que se sometería. Vive lejos, en alguna comisaría de Umán. Lee la biblia, me comentó que había franelado todo el día y le preguntaba hace rato a la virgen como le haría para conseguir los doscientos pesos que le hacían falta.

Recordé que en la cartera tenía precisamente un billete por esa cantidad desde hace varios días. Lo saqué y se lo entregué, él lo recibió de buena gana. Me dijo que estaría cerca, lavando autos y cosas por el estilo. Me preguntó mi nombre, le pregunté el suyo, me despedí y me subía al auto.

Camino a casa me preguntaba si sería auténtico, acaso un estafador profesional. He visto muchas cosas, la gente es capaz de todo por sobrevivir. Uno tiene una oportunidad y la aprovecha, una ventaja y la exprime.

Prefiero pensar que no mentía.

Prefiero irme a la cama con la sonrisa extendida.

Quizá en unos días sepa la verdad.

Un mundo sin prisas

Botas se levanta, va cojeando, e intenta regresar a la jaula. No puede porque cerré de nuevo la puerta antes de comenzar a cambiarle las vendas. Gruñe, pero se queda quieta, se agazapa. Entonces la levanto y continúo con mi tarea. Solía ponerse furiosa cada vez que la metía a la jaula, apenas unos días atrás. Ahora regresa sin quejas tras el tratamiento, se acomoda lo más lejos que puede de la entrada y duerme.

 

Momo entra al estudio, se queda a una distancia de la jaula bastante prudente, no maulla, solo olfatea. Observa a Botas por un instante y luego se aleja, sale a la calle. Tal vez recuerda los meses que vivió dentro de la jaula, cuando una de sus patas quedó fracturada en tres partes.

 

Max solo me observa, luego regresa al pasillo y duerme.

 

He notado que ya no suelo poner música en la mañana, me levanto temprano y comienzo a trabajar. Esta es una colonia bastante tranquila, a pesar de estar cerca de un supermercado. Ahora escucho el teclado, el ventilador en el techo, uno que otro auto que transita cerca; está todo tan quieto, que casi puedo escuchar mis pensamientos. Me hace reflexionar en lo bello que son los días y lo tonto que somos al perderlos en una oficina.

 

Me gustaría encontrar un lugar donde nada sea urgente, donde puedas vivir tus días sin prisa, aprovechando cada segundo. Me lo imagino azul y soleado, junto a un río quizás o tal vez cerca del mar. Escuchar las aves trinar, el agua correr y mi corazón palpitar. Sentir el olor a lluvia antes de llover, los rayos al levantarse y, en mi pecho, el rugir del trueno. Luego ver que todo se queda quieto una vez más, se torna azul y soleado.

 

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Botas

Radiografía de Botas

Radiografía de Botas, el 27 de Marzo de 2012

 

El viernes de la semana pasada, Botas regresó a casa de mamá muy malherida. Daba la impresión de que fuera atropellada. No les he hablado de Botas, porque no vive conmigo, pero es una amiga felina que vive con mi madre. Es una buena gata, aunque un poco arisca.

Desde el sábado muy temprano comenzó la odisea por conseguir un médico que la atendiera. Mi hermano la llevó con uno que estaba cerca de la casa, pero la mayoría de médicos son mediocres y este tan solo le recetó un antinflamatorio. Para la noche, en lo que sería el codo de la pata delantera izquierda, tenía una enorme canica. El domingo fue imposible conseguir otro médico y para esa otra noche, apareció la infección.

Para el lunes logré contactar con un médico que atendió a Momo hace como un año, la recibió y comenzó el tratamiento. Dejando a un lado lo costoso del asunto, ha sido una experiencia muy desgastante, tanto física como emocionalmente. Botas no solo estaba dolida, sino que también estaba histérica, desesperada. Era como tener al demonio de tazmania dentro de la jaula. No la había visto antes tan agresiva.

El día de ayer amaneció bañada en sudor, no me dejó dormir tras azotarse toda la noche tras las paredes de la jaula. La saqué de su encierro e intenté tranquilizarla y en tres ocasiones estuvo a punto de atacarme, si no fuera porque la solté y me quedé quieto, ahora estaría escribiendo con un solo brazo. Todo el tiempo he estado hablando con ella, intento tranquilizarla y, finalmente, va dando resultado. Ayer Botas y yo acordamos que si ella dejaba de arrancarse el vendaje y la curación, yo no volvería a fijarle las patas y no le colocaría el collarín. Hasta el momento va dando resultado, todo el día de ayer y la madrugada de hoy ha respetado el vendaje.

A fin de cuentas, hablando se entiende no solo la gente.

Ahora la dejo un ratito fuera, para que estire bien las patas, coma con cierto confort y vaya al arenero de Momo. Tiene que aprender a compartir. Me gustaría poder dejarla fuera de la jaula, pero es una desgraciada y parece no importarle la herida en su pata, se sube a los muebles, me tira las cosas y deja manchas de iodo por todos lados. Tendré que dejarla encerrada cinco días más, hasta que termine este primer tratamiento.

Por momentos me desespero, ya había pasado por esto con Momo y ahora con Botas. Es muy difícil de llevar, además de costoso, pero se paga cuando la llego a casa y Botas me escucha, me llama para que la saque un rato y, a pesar de haber estado encerrada todo el día, se echa junto a mí y pide que la acaricie.

Mi único problema es que Momo y Max están tristes, un tanto celosos. Pero pues además de convivir con ellos y quererlos, de momento no hay mucho que pueda hacer al respecto.

En fin, tenía que sacarme esto del pecho. Más adelante que Botas se recupere y pueda limpiarla, está muy sucia y llena de iodo, le tomaré una foto.

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Andaba de vacaciones

Recientemente tomé vacaciones. Hacía meses que esperaba por ellas, sentía que mi cuerpo se caía a pedazos y mi mente daba cientos de vueltas. Me sentía atrapado, desesperado, ansioso quizá; tenía ganas de salir corriendo, desaparecer en el asfalto y nunca volver. Las vacaciones me hicieron mucho bien.

Me alejé de la oficina, de la gente, del bullicio de las calles. Me alejé de mis personalidades virtuales, de mis sitios Web, de mis costumbres en Internet. Decidí que estas serían unas vacaciones en la mente de otra persona, ya que necesitaba urgentemente salir de la mía. Renté las seis temporadas de Bones, una tras otra, y disfruté cada episodio. Es una buena serie, tiene algo de telenovela, pero los personajes tienen chispa. Me encantó salir de mis problemas y concentrarme en los de ellos.

Estuve en casa casi sin salir por espacio de una semana. Luego comencé a visitar unas oficinas para unas entregas en el proyecto Orion y caminar cerca de la playa. Esta segunda parte fue un tanto purificadora. Uno de los objetivos al salir de vacaciones fue concentrarme en este proyecto, estábamos en el limbo y necesitábamos despegar. Avancé todo lo que pude, retomé las pláticas con los clientes, visité algunas de sus instalaciones y eché a andar el proyecto de nuevo. Ahora todo marcha sobre ruedas, aunque hay muchos baches en el camino.

En lo personal, me siento más relajado. Tengo la mente más clara, aunque tal vez no lo suficiente. He recobrado mi equilibrio, mi estabilidad emocional, aunque aún falta mucho por lograr. Creo que eso es algo que nunca habrá de terminar. Solo espero que dentro de veinte años, cuando comience a vislumbrar el ocaso de mis días, pueda mirar hacia atrás y disfrutar de cada momento.

Si, cuando comience a vislumbrar, porque aún me siento muy vivo.

Hoy retomo mis ideas, porque son mías, siempre lo han sido. Comprendo ahora, aunque ya lo sabía antes, que solo yo puedo lograr lo que deseo. Yo soy el único que puede impedirlo en este momento. Verán, hay que dejar de escuchar consejos de vez en cuando.

Voy a seguir trabajando en este sitio Web y escribiendo mis cuentos, aunque a pocos les gusten. Voy a seguir trabajando en mi primer novela, creo que ya va siendo hora de hablar de ella. De hecho, creo que comenzaré a redactar el proceso que sigo para crearla. No es algo profesional, esta es la primer novela que escribo, pero de algo habrá de servir. Pero más importante aún, lo voy a hacer con calma. Me voy a tomar todo el tiempo que necesite, porque quiero que sea buena, diferente, única.

Gracias por leer, nos vemos pronto.

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Espera por mí, Sol

Una línea blanca comienza a dibujarse en el horizonte, ahora negro como el azabache. Falta poco para el amanecer.

Es probable que haya sido esta la noche más hermosa que haya vivido, no solo por la cantidad de estrellas en el firmamento o el clima agradable, sino por la armonía que se percibe. No hay un solo automóvil funcionando en las calles, ni peatones transitando o perros o gatos. Desde esta altura, da la impresión de que el tiempo se detiene. Una brisa fresca me acaricia el rostro y me convence de lo contrario.

Cuanto daría por que la vida fuera así de hermosa.

Hace mucho que abandoné mi búsqueda por la sociedad perfecta. Entonces tenía la idea de que la vida debía ser buena en alguna parte. Una vida en donde el dinero no fuera otra cosa, donde la amistad se firmara con sangre, y la hermandad fuera algo más valioso que el aire. Soñé muchas veces con despertar en un mundo donde la aflicción sea una palabra que nadie comprende; el hambre, parte de un mal chiste; y la pobreza, de algún cuento de ciencia ficción.

Miseria es lo único que he encontrado.

Hoy estoy cansado de soñar. Tengo los músculos engarrotados, como si todo este pesar lo trajera siempre a cuestas. Los ojos ya solo ven sombras, no queda nada de esa ilusión que incendiaba mi corazón. Los oídos están viejos, al punto que solo perciben murmullos de aquella historia que solía contarme. Los brazos están flojos y las piernas todas secas, siento que ya no puedo desplazarme.

Escucho a lo lejos el trinar de un ave. Que ingenua, la pobre, al pensar que algo bueno pudiera ocurrir ahora. Se escucha tan ansiosa, tan agitada, tan emocionada; si tan solo le pudiera gritar, le pediría que abriera los ojos y se posara sobre mi hombro. A donde voy, seguro hay lugar para dos.

A su canto se unen otros más. Es curioso como las aves, ya sea por instinto o por pura obstinación; participan en gloriosos cortejos destinados a darle la bienvenida al Sol. Brincan, cantan, lloran y bailan; como festejando el que una vez más el astro rey les proporciona su calor. Para ellos no hubo ayer, todo lo que importa es hoy. Me pregunto en que momento, nosotros, el hombre, dejamos de rendir estos tributos y comenzamos a pensar en cosas triviales. En qué momento dejamos de pensar en la vida y comenzamos a pensar en como vivirla.

Pero eso ya no me importa.

No quiero pensar en mis numerosos proyectos, por que se me llenan de lágrimas la camisa y el pantalón. Allá abajo, tras una ventana hundida en las sombras, está mi escritorio, guarida de mis ideas y confidente de mi ilusión. Ha sido el único que me ha escuchado y, aunque nunca me respondió, formó parte del inicio de todo. Realmente el único que siempre me apoyó. Tal vez pueda regresar algún día para contarle lo que habré de encontrar al final de mi expedición.

El cielo se torna azul.

Ese color siempre me agradó. En ocasiones solía imaginar que, apenas con un salto, mi cuerpo remontaba el viento. Solía dejar esta tierra y adentrarme en la inmensidad del mar celestial, atravesando las nubes, partiendo el ozono en dos con apenas la punta de mis manos, sintiendo que la tierra tiraba de mis piernas hasta que el cansancio se apoderaba de ella y me dejaba marchar. Solía mirar hacia atrás, una lágrima brotaba de mis ojos tras observar la belleza del planeta y darme cuenta de lo mucho que sacrificaba por llegar hasta el Sol.

El Sol, siempre radiante, ahora extiende sus brazos para alcanzarme. Uno de sus dedos toca mi frente, me acaricia, me entiende. Nos comunicamos. Me da la bienvenida, me dice que me espera, que no tarde más.

Tengo que hacerlo ahora, no puedo esperar a que la gente despierte, que salga a la calle y me encuentre acá arriba. Que intenten convencerme de que no vale la pena, que debo quedarme, que la vida es buena. Pero yo ya no sé como decirles o explicarles. Ya ni siquiera puedo convencerles. Ellos no entienden o no escuchan.

Debo irme ahora, aprovechando que hay paz, que la tierra luce hermosa, que mi pecho está extasiado por la idea del viaje.

Espera por mí, Sol, ya estoy en camino.

 

Fotografía original por Roddy Addington ©

La encrucijada del destino

Mis amigos más cercanos consideran que poseo memoria de elefante, ya que soy capaz de recordar muchas cosas. La verdad es que no puedo recordarlo todo, hay tantas cosas que se me escapan con una facilidad increíble; y tampoco poseo una memoria fotográfica, me encantaría poder tener algo de eso. Lo que si tengo, es facilidad para recordar las cosas que me gustan o que marcaron algo importante, aunque haya pasado mucho tiempo de eso.

Mi recuerdo más lejano data de al menos unos treinta y un años, cuando tenía un año y unos meses de edad. Recuerdo que estaba en una habitación con mi hermano menor, de unos meses de edad; él estaba dentro de la cuna, parado sobre un piano de plástico con forma de dinosaurio y apoyado contra el barandal; yo estaba fuera, pasándole de vuelta todo lo que arrojaba al suelo. Por alguna razón, me parecía divertido hacerlo.

Recuerdo también muchas cosas que en alguna otra ocasión platicaré, pero ya tienen el punto.

Una de las cosas que recuerdo y que vienen a mi mente todo el tiempo desde hace unos días, es un episodio de una de mis series favoritas: Avatar, La Leyenda de Aang. En él, Zuko acaba de enfrentarse ante Jet, un joven con un sentido bastante torcido acerca de la justicia. Por su cabeza pasan muchas cosas, pues él mismo ha dado caza al Avatar por años y ha sido cruel, pero ahora se encuentra con que él mismo es capaz de hacer bien. Sus dos yos se enfrentan en sus sueños y solo un Zuko ha de despertar. Su tío, el ex general Iro, le explica que está sufriendo una metamorfosis y que se encuentra ante la “encrucijada de su destino”.

Esta escena me gusta mucho, porque refleja un plano esencial del ser humano.

Hace unos días les platicaba acerca de un “cambio de paradigma”. Lo que en realidad ocurre, es que una vez más me encuentro en una encrucijada.

Las oficinas de desarrollo -en mi actual empleo- comenzarán a cerrarse en cuestión de meses. Claro que si le preguntan a los jefes, estos niegan al momento, pero ya es un secreto a voces. La verdad es que esto logró ponerme nervioso por varias semanas, en parte porque no estoy listo para cuando esto ocurra y otra parte porque no acabo de decidirme en lo que emplearé mi tiempo.

Mi parte racional, por llamarle de alguna manera, me pide que encuentre otro empleo. Mi parte aventurera me pide que dedique mi tiempo al cien por ciento a Zeion Software. Mi parte soñadora me pide que junte todo el dinero que pueda y me dedique a escribir, ya que, con un poco de suerte y tiempo, podría realizar eso que tanto anhelo.

Lo curioso del asunto es que ideas no me faltan. Ayer mismo, entre despierto y soñando, se me ocurrió una historia nueva, una idea que me ha encantado al punto de dedicarle hoy unas cuantas horas a conocer la situación mundial sobre la que se basa esta historia. No es de zombis, aclaro.

Poco a poco, esta aventura se va clavando en mi mente, al punto que me hace planear lo que podría necesitar para lograrlo. Por supuesto que se necesita dinero, y hasta tendría en algún momento la necesidad de vender a Rocco, esto como último recurso. Sé lo que están pensando, es arriesgar todo para llegar al premio mayor.

Es precisamente eso lo que me detiene.

Cambio de paradigma

Hoy en la mañana publiqué lo siguiente en mi cuenta en twitter:

 

No sé ustedes, pero siento que este Lunes es más estresante que otros.

 

Vaya que sí fue estresante. Me recibieron una buena cantidad de correos, que pude sortear sin inconvenientes. Atender el teléfono -llamadas locales y de un cliente externo-, problemas con los servidores, con el proyecto, no alcancé café hasta muy entrada la mañana y, por si esto fuera poco, que si la lista de pendientes, que las correcciones al proyecto, que el plan de trabajo, las fechas, etc. Cuando marcaban las 3:30pm, sentí que la cabeza me estallaría en mil pedazos.

Hora de otra taza de café.

Logré llegar a salvo hasta las 5pm, cuando recibí un email que contenía algo así como: “tengo muy malas noticias, necesitamos hablar”.

Tras liberarme del pendiente en curso, le marcamos al jefe y nos dijo prácticamente lo siguiente:

 

…reconozco que ustedes no tuvieron toda la culpa, la verdad es que nunca logramos hacer que los usuarios participaran con nosotros, y tampoco quiero ser grosero con ustedes, pero el proyecto se cancela y con él todos los proyectos siguientes, les dije que este proyecto era muy importante y ahora todo desarrollo se verá enormemente afectado por esto…

 

Es decir, me hizo sentir como Judas Iscariote.

Para los que no lo crean, he ahí una prueba fehaciente de que un grupo de usuarios inconformes y una mala planeación del proyecto, pueden echar todo abajo.

Dejando de lado la terrible noticia, esto significa que es muy probable que mi vida de un giro de ciento ochenta grados. Resulta gracioso, porque apenas hoy en la mañana publicaba un artículo sobre lo que uno tiene que hacer para desarrollar un proyecto de superación personal, y ahora me veo en la necesidad de diseñar uno nuevo. Quien sabe, tal vez escribía para mi.

Para ser sincero, ya esperaba algo así, pero no imaginé que fuera tan pronto. Llevan cerrando proyectos desde hace más de dos años, ya me había tocado en un par de ocasiones, pero entonces había una nueva área a la que recurrir. Pero ahora que cierran todas las áreas de desarrollo, no creo que haya mucha alternativa. Creo que mis días en ese puesto ya están contados.

Tratando de ver el lado positivo del asunto, podría ser esta la oportunidad que necesito.

Hace poco veía un episodio de “Los Simpson” en donde Homero decide arrojarse de un edificio, en el cual hay una enorme cola para poder brincar, todo muy ordenado. Cuando por fin llega a la orilla, tiene duda y entre lo que dialogaba para saber que hacer, el que seguía en la cola lo empuja, desesperado. Homero se salva y sigue con su desastrosa vida.

El punto es que, muchas veces llegamos a un punto en nuestras vidas donde sabemos lo que queremos y lo que tenemos que hacer, pero esto resulta tan difícil que tenemos dudas. Entonces llega algo que nos da ese empujoncito que necesitamos para salir adelante.

Quiero pensar que las cosas no están tan mal, pero por si acaso, hoy me acostaré a dormir un poco más temprano y mañana tomaré una decisión.

Cómo realizar un proyecto personal

La Madre Teresa de Calcuta y Martin Luther King Jr, dijeron una vez:

 

Si no puedes correr, trota; si no puedes trotar, camina; si no puedes caminar, usa un bastón; pero no te detengas.

 

Todos necesitamos progreso en nuestras vidas, algo que nos trae satisfacción y que nos produce felicidad. Todos, absolutamente todos, necesitamos realizarnos de alguna manera para poder tener una vida plena.

Este artículo va a ayudarte si tienes proyectos en el librero y estos se comienzan a empolvar. Si, por el contrario, sientes ese entrañable deseo por realizar tus más fervientes anhelos pero no tienes idea de que hacer, te recomiendo leer primero una publicación que hice a principios de año y que se titula: “Como realizar tus sueños”.

Platicaba con unos amigos y ellos me explicaban su deseo de seguir adelante, los planes y proyectos que tienen y el camino que debía llevarlos hasta el éxito. Si bien todo me pareció maravilloso, noté que sus planes pendían de un hilo. Bastaba con que alguna pequeña cosa saliera mal para que todo se viniera abajo. Tal vez esa sea la razón por la que muchas personas han desistido de plantearse proyectos, porque de alguna manera han fracasado y ese sentimiento los ha aplastado.

 

Lo que cuesta entender muchas veces es que el fracaso es también parte del éxito.

 
He conocido muchas amistades que no se plantean nada hoy día, que deciden vivir sus días sin una norma que regule su felicidad. Viven cada segundo y disfrutan cada momento, aunque no sea algo que ellos hubiesen deseado. Esto, lejos de ser despreciable, es admirable, puesto que se trata de una forma bastante sensata para hallar esa felicidad que tanto anhelamos. Sin embargo, habemos otros que la simple idea de aceptar lo que venga resulta inadmisible, necesitamos realizar nuestros anhelos aunque con ello se nos vaya la vida, y es precisamente este mismo hecho el que nos hace sentir felicidad.

Esto me lleva a pensar -algo que ya he mencionado en otras ocasiones- que aquél que desea realizar sus sueños debe ser una persona valiente, cauta y paciente; y si esto no fuera suficiente, también debe ser determinada, muy determinada. Una persona capaz de realizar proyectos.

 

Navegando por terreno desconocido.

 
Platicando con mis amistades, descubrí que muchos no sabemos como llevar a cabo un proyecto. En parte, tal vez, porque estamos emocionalmente destrozados o porque navegamos por terrenos totalmente desconocidos. En casos como estos, conviene pedir ayuda a un especialista que nos ayude a encontrar esos puntos débiles que podrían ocasionar que nuestros planes no se lleven a cabo.

No tiene que tratarse de un experto en finanzas o el CEO de alguna compañía de prestigio. Bastará con un amigo de confianza que haya experimentado con alguna experiencia similar o que conozca de lo que te está hablando.

Lo más importante a tener en cuenta es que se trata de tus planes, de tu proyecto; por lo que eres tu el que debe tener siempre la última palabra.

 

Hay que darle tiempo al tiempo.

 
Mi papá solía decirme esto todo el tiempo.

Un error bastante común es que uno desea que sus planes se realicen de la noche a la mañana. A estas alturas ya deberíamos saber que no todo lo que brilla es oro; todo lo que es gratis, es porque tiene un precio oculto; y todo lo que florece de la noche a la mañana, desaparece con la misma velocidad.

Necesitas ser paciente, tus planes se realizarán, de eso no hay duda. No tomes atajos, porque estos generalmente te llevan a otra serie de complicaciones y, al final del día, terminas invirtiendo más tiempo del necesario.

Asigna tiempos justos, nadie quiere que su más grande ilusión se convierta en un tormento. Toma todo el tiempo necesario, deja que tus acciones poco a poco produzcan un resultado. Si logras organizar todo bien, verás que -como fichas de dominó- todo va cayendo en su sitio una cosa detrás de la otra.

 

Hay que ser justos con nosotros mismos.

 
Es normal que uno quiera tener todo cuanto antes. En este momento se me ocurre una decena de cosas que me gustaría hacer o tener, pero es crucial tener siempre una visión objetiva de lo que es importante.

Un buen amigo, por ejemplo, planeaba liquidar un préstamo, hacer varios viajes y cambiar de vehículo; todo al mismo tiempo, en unos pocos meses, con una cartera justa y con un prometido ingreso extra. Que más quisiéramos que nuestros problemas desaparecieran cuanto antes para darle paso a la felicidad. El problema es que si las cosas no salen como lo planeado, todo se nos revierte y terminamos en más problemas de los que comenzamos.

Mi amigo y yo, platicando un poco más su caso, encontramos una solución que sonaba menos peligrosa: podía arreglar su vehículo de tal forma que este fuera funcional por seis meses, liquidar su préstamo en ese lapso y realizar esos viajes que tiene planeado. Durante ese tiempo, ahorrar ese ingreso extra que planeaba obtener y mantenerlo como un colchón de seguridad, convertible en el anticipo de un coche de agencia.

No se trata de hacer un único proyecto personal, observa que en el caso de mi amigo separamos sus objetivos en dos proyectos independientes. Si no haces esto, corres el riesgo de sentirte asfixiado bajo el peso de tus tareas y, al tener fechas de conclusión demasiado cortas o largas, obligarte un día a renunciar.

 

El pan no se cocina por sí mismo.

 
¿Es importante? ¿Es lo que desea tu corazón? ¿Sientes que la vida no tiene sentido si ello? ¿Por qué no darle la importancia que merece?

Uno de los impedimentos más grandes para realizar nuestros proyectos, es nuestro vicio.

Ya sea que te pases toda la noche viendo programas de televisión, pegado a tu teléfono platicando o “texteando” con varias personas, usando twitter para externar cada cosa que se te ocurre, facebook para enterarte de lo que hizo ayer la vecina, de juerga en el antro, en la taberna y un largo etcétera; estás dejando escapar un recurso muy valioso que posees: tu tiempo.

Con esto no me refiero a que uno debería abandonar todas esas cosas, sino que debería tener conciencia de lo que está haciendo. No se trata de infligirse un castigo, sino de aprender a equilibrar la balanza.

En lo personal, me encanta ver películas y series de televisión, videojuegos, libros, música, etc.; pero llega un momento en el día en el que sé que debo trabajar en mis proyectos. Encuentro óptimo levantarme muy temprano para trabajar, porque me siento bien despierto -después de un buen café-, las ideas fluyen claras y no tengo distracciones externas.

Para lograrlo, necesito recortar algunas cosas que no son tan importantes para mi, como el tiempo que utilizo para ver la televisión, los paseos que realizo, el tiempo que invierto en videojuegos, etc.; pero lo más importante es: acostarme a dormir temprano.

Con esto no quiero decir que debes hacer lo mismo que yo, sino que debes encontrar ese balance entre la diversión y el trabajo.

 

Hay que disfrutar, que es muy importante.

 
¿Que caso tiene tanto trabajo, si uno al final no puedes disfrutarlo?

No hay que perder de vista que el objetivo de todo esto es mejorar nuestras vidas, no hacer un infierno de ellas. Por esto, si llega un punto en el que ya no puedes disfrutar de lo que haces, tal vez es momento de replantear tus objetivos.

 

Firme aquí, por favor.

 
Eres tu el único que puede hacer de este proyecto una realidad, por lo que llega el momento de realizar un compromiso serio contigo mismo. Ya sabes lo que quieres, lo que tienes que hacer y hasta tienes un plan; es momento de ponerse a trabajar.

Una técnica que puedes utilizar para lograrlo es escribir tus objetivos y tu plan, de tal forma que siempre tengas pendiente este compromiso. Puedes hacer un calendario con las fechas importantes, los horarios que debes seguir y los pasos que debes realizar. Conforme avanzas, ve tachando de la lista los elementos completados; verás que el efecto que produce es bastante reconfortante.

 

Manos a la obra.

 
Te deseo éxito.

 

Aquél que decide realizar sus sueños encontrará que no tiene fronteras. Sólo quien sigue a su corazón encontrará la felicidad.
– Eduardo Ferrón

 

Como realizar tus sueños

Los primeros días del año suelen ser retrospectivos, mirando siempre hacia adelante para averiguar lo que nos falta, lo que queremos o a donde vamos. El inicio del año nos resulta ideal para replantearnos la vida y crear algunos contratos con nosotros mismos. Pero, ¿deberíamos estar firmando contratos?

Yo creo que sí.

Soy de los que piensan que nuestra vida necesita un plan. No uno que esté escrito en piedra, sino uno que nos dé una idea general de lo que queremos realizar. Muchas veces esto no parece posible, pero nunca hay que darse por vencidos, siempre habrá una forma de llevarlo a cabo.

Para esto, primero tenemos que averiguar quienes somos y qué es lo que queremos. Esta es una etapa muy complicada, porque desde niños nos enseñan a seguir un plan maestro, un “camino infalible hacia la felicidad”. Nos inculcan un patrón y nuestra mente lo sigue. Al final, terminamos muchas veces sin averiguar lo que queremos y nuestras vidas llegan a sentirse vacías.

Es probable que pienses que no necesitas de un plan, que la vida se debe vivir al momento disfrutando de cada segundo. Probablemente tengas razón y eso es muy respetable, pero parte de la condición humana consiste en dejar una huella. Para muchos, basta con que tu familia te recuerde, otros quieren cambiar el mundo; y, ¿cómo realizarlo sin un plan?

Una vez que sabes lo que quieres, necesitas averiguar lo que tienes que hacer para conseguirlo. El dinero siempre será un factor determinante, por lo que no creo que debas incluirlo en la lista.

Por ejemplo, en mi caso, una de las cosas que quiero es ser un escritor conocido y poder vivir de mis libros, viajar por el mundo llenando mi mente con sus imágenes. “Si no tienes el don de la escritura, es imposible”, pensarás. Pienso que si no tienes el “don”, será más complicado, pero no imposible. Encontré que hay básicamente tres formas de lograr convertirte en ese escritor:

  • Ganando/consiguiendo una buena cantidad en dinero, fundar una editorial o pagando enormes sumas para promocionarte por el mundo. Contratar un buen editor, un buen diseñador y traducir tus libros a tantos idiomas como puedas.
  • Conseguir un contrato con una editorial, lo que puede resultar complicado. Ayuda el ganar concursos y hacer presencia en línea.
  • Auto publicarte en Internet, lo cual involucra tener un blog, contratos con sitios como Lulu.com y cosas por el estilo. Este es el más barato y suele ser el más lento.

Pero en todas, absolutamente en todas las opciones, necesitas escribir. No puedes convertirte en un escritor si no escribes. Entonces, necesitas encontrar tiempo para escribir.

En mi caso, como el de muchas personas, no cuento con una herencia que me permita dedicarme a lo que deseo. Entonces tengo que trabajar en otra cosa, mientras creo el fundamento para lograr mis metas.

Volviendo al punto del plan, hay que ser muy honestos y justos con uno mismo. No puedes esperar que en un año se cumplan tus aspiraciones, porque entonces podrías meterte en más problemas de los necesarios. Vivirías bajo tu sombra, siempre juzgándote por lo lograr X o Y. Creo que no hay peor cosa que tornarse en esclavo de uno mismo.

Entonces, escribe tu lista y analiza cada paso, evalúa tus opciones y saborea el momento. Una vez leí o escuché, que la felicidad no está en el objetivo, sino en el camino que uno tiene que recorrer para alcanzarlo. Cuando uno corre despavorido hasta la meta, al llegar puede encontrarla vacía.

Estos primeros días del año resultan exquisitos cuando uno mira la lista y observa algunos elementos ya marcados.

Les deseo un buen año.